Del pensar martiano

Guillermo Castro H.

“De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace:

ganémosla a pensamiento.”

 José Martí, 1895[1]

Resumen: El sistema internacional que conocemos – y que Martí intuyó en el fulgor de sus vísperas – ha ingresado en una crisis de transición hacia un futuro aún indeterminado. Esto demanda luchar por un  futuro que sea sostenible por lo humano que llegue a ser, en todos los campos de la cultura. En nuestra América, esa lucha requiere abrir paso a la renovación de las raíces del pensamiento crítico, que tiene en José Martí a uno de sus principales exponentes. Esa renovación requiere conocer y dar a conocer el vínculo entre la actualidad de lo pensado por Martí en su tiempo y la vigencia de su pensar en el nuestro, en particular en lo relativo a su compromiso con el mejoramiento humano, la utilidad de la virtud, y la lucha por el equilibrio del mundo. Eso plantea dos planos de necesidad. Uno consiste en distinguir entre entre los elementos estructurantes de la visión del mundo que nos ofrece el legado martiano, y aquellos elementos estructurados por esa visión a lo largo del tiempo. Aquí, lo estructurado expresa la mayor o menor actualidad de lo pensado por Martí en su circunstancia, mientras lo estructurante da cuenta de la vigencia del pensar martiano en la nuestra. El otro es el del proceso de formación y transformación de esos elementos en lo que va de los tiempos de Martí al nuestro. La complejidad de estas tareas requiere un trabajo interdisciplinario, en el que colaboren diversos centros de investigación y organizaciones vinculadas al pensar martiano. Al respecto, este documento intenta una aproximación al tema de la relación entre la actualidad de lo pensado y la vigencia del pensar martianos, con vistas a constituirla en un objeto de estudio que contribuya a la construcción de las opciones que nuestra América demanda en los tiempos de cambio que encaramos.

La organización del mercado mundial como un sistema internacional – interestatal, en realidad – ha ingresado en una transición hacia un futuro aún indeterminado. Ese sistema se constituyó tras la desintegración de su previa organización colonial a lo largo de la gran guerra de 1914 – 1945. La obra martiana tomó forma en la primera fase de ese proceso de transición. No es de extrañar, por tanto, que en su plena madurez esa obra prestara especial atención a la necesidad de luchar por el equilibrio de un mundo cuyo desquiciamiento anunciaba el ingreso del mercado mundial a su fase imperialista.

            La necesidad de esa lucha es hoy mayor que nunca, cuando está en riesgo la supervivencia de la propia especie humana, como lo advirtiera Fidel Castro 31 años atrás en la Cumbre Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo celebrada en Rio de Janeiro en 1992 al señalar que

Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre. Ahora tomamos conciencia de este problema cuando casi es tarde para impedirlo.

Es necesario señalar que las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente. Ellas nacieron de las antiguas metrópolis coloniales y de políticas imperiales que, a su vez, engendraron el atraso y la pobreza que hoy azotan a la inmensa mayoría de la humanidad. Con solo el 20 por ciento de la población mundial, ellas consumen las dos terceras partes de los metales y las tres cuartas partes de la energía que se produce en el mundo. Han envenenado los mares y ríos, han contaminado el aire, han debilitado y perforado la capa de ozono, han saturado la atmósfera de gases que alteran las condiciones climáticas con efectos catastróficos que ya empezamos a padecer. [2]

Ese riesgo se ha visto agravado, además, porque la transición en curso tiene lugar al cabo de medio siglo de hegemonía neoliberal, que hizo suyo y renovó el llamado a la lucha de la civilización contra la barbarie que caracterizó a las vertientes colonial y oligárquica del liberalismo en nuestra América en la segunda mitad del siglo XIX. Eso permite entender que una parte sustantiva de la lucha por un  futuro que sea sostenible por lo humano que llegue a ser se libra ya en todos los campos de la cultura.

Esa batalla cultural demanda encarar y trascender todas las formas del dogmatismo neoliberal, para abrir paso a la renovación de las raíces del pensamiento crítico en nuestra América, que tiene en José Martí a uno de sus principales exponentes, como se hace evidente en su ensayo Nuestra América, de 1891, que es como el acta de nacimiento de nuestra contemporaneidad. Allí Martí define en su raíz el desafío que enfrentamos hoy, y el modo de encararlo, al advertirnos que no se trata de una batalla “entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza” y con ello descarta de un golpe el eje mismo del pensar oligárquico de su tiempo – y del nuestro.[3]

La batalla cultural en curso demanda, así, el dominio del pensar martiano como expresión de una visión del mundo dotada de una ética correspondiente a su estructura. Conocer y dar a conocer esa visión en su estructura conceptual, y en la vigencia del pensar que la expresa, es una tarea de primer orden en nuestros tiempos.

Esa tarea exige aprender a leer a Martí más allá de su indudable atractivo inmediato, para comprender el vínculo entre la actualidad de lo pensado en su obra y la vigencia de su pensar en la nuestra. En esta lectura, tiene especial importancia prevenir riesgos como los del anacronismo y la fragmentación, para facilitar el rescate de lo realmente esencial de la obra martiana en nuestro tiempo: su compromiso con el mejoramiento humano, la utilidad de la virtud, y la lucha por el equilibrio del mundo.

            Un ejemplo sencillo de estos riesgos consiste en nuestra reacción ante una oración de Martí en la que nos dice que el mundo “sangra sin cesar de los crímenes que se cometen en él contra la naturaleza.” Una lectura contemporánea descontextualizada de este fragmento de su artículo de 1892 sobre el obrero escritor Rafael Serra tendería a ser ecológica, y no faltaría quien proclamara a Martí como un gran precursor del ambientalismo de nuestro tiempo, etc.

Aquí cabrían dos observaciones. Una, que en lo general el concepto de naturaleza es peculiarmente complejo en el pensar martiano, que siempre concibe lo natural en su íntima relación con la dimensión ética correspondiente a su concepción del mundo. Otra, que en lo particular la creación de las condiciones culturales y políticas para la lucha contra el colonialismo español en Cuba fue un eje fundamental en la organización del pensar martiano.

Visto así, aquello a lo que se refiere Martí en este caso es a las deformaciones que las secuelas culturales y morales de la esclavitud y el racismo imponen al desarrollo humano, y en su tiempo constituían un obstáculo sociocultural a la formación del frente patriótico necesario para llevar a cabo a aquella lucha independentista. Esto se aprecia en las líneas que anteceden a la cita, con la cual culmina Martí el fragmento del que forman parte:

La epopeya está en el mundo, y no saldrá jamás de él: la epopeya renace con cada alma libre: quién ve en sí es la epopeya. Unos son segundones, y meras criaturas, de empacho de libros, y si les quitan da acá el Spencer y de allá el Ribot, y por aquí el Gibbons y por allá el Tucídides, se quedarían como el maniquí, sin piernas ni brazos. Otros leen por saber, pero traen la marca propia donde el maestro, como sobre la luz, no osa poner la mano. Y artesanos o príncipes, ésos son los creadores. Epopeya es raíz.

Van y viene las corrientes humanas por el mundo, que hoy arrolla los pueblos del color que temió ayer, y funde el oro de sus coronas en cadenas con que atarlos al carro del triunfo. Desdeñó un día el sajón, y tuvo a menos, el trato y la amistad con el italiano o andaluz, porque por lo moreno de la cara se creía mejor que él; y luego el andaluz y el italiano desdeñan a los de tez más morena que la suya. Los esclavos, blancos o negros, fueron depuestos en largas generaciones, por el recuerdo de la esclavitud más que por la culpa del color, del derecho de igualdad, en la aptitud y en la virtud, de sus antiguos amos. El mundo sangra sin cesar de los crímenes que se cometen en él contra la naturaleza. Y cuando, con el corazón clavados de espinas, un hombre ama en el mundo a los mismos que lo niegan, ese hombre es épico.” [4]

Esto no demerita la importancia de los aportes de Martí a la formación de una cultura latinoamericana de la naturaleza, ni la relevancia de la idea para el ambientalismo de nuestro tiempo.[5] Así, por ejemplo, lo dicho engarza sin dificultad con lo planteado por el papa Francisco en su encíclica Laudato Si’, un texto más cercano a Martí de lo que imaginamos. Allí Francisco nos dice que no encaramos “dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental”, cuya solución requiere “combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza.”[6]

Estos matices no son meramente filológicos. Más acá de eso, hacen parte de la historia de nuestra cultura y, por lo mismo, de la de nuestra vida política. En esa historia, nos encontramos aún en la fase de descomposición de la hegemonía lograda por el neoliberalismo en nuestra América desde la década de 1980, a la que contribuyeron además el agotamiento del modelo desarrollista establecido por la CEPAL entre 1950 y 1970, y la bancarrota del marxismo soviético.

Este momento de descomposición del neoliberalismo opera, así, en un vacío ideológico que el progresismo socialdemócrata no alcanza a llenar, y que favorece en cambio el auge de corrientes autoritarias de claro corte conservador – y esto, entre nosotros, significa racista, clasista y misógino. En estas circunstancias, en lo que hace a nuestro pensamiento crítico, nos encontramos en una situación que no deja de recordar aquella en la que, en 1903, Rosa Luxemburgo encaró a quienes proclamaban el agotamiento del marxismo, planteando que

Marx, en su creación científica, nos ha sacado distancia como partido de luchadores. No es cierto que Marx ya no satisface nuestras necesidades. Por el contrario, nuestras necesidades todavía no se adecúan a la utilización de las ideas de Marx.[7]

Lo mismo cabe decir del papel de Martí en nuestra propia batalla de ideas, cuando hemos ingresado de lleno a una nueva fase en la lucha por el equilibrio del mundo en que vivimos. Esta tarea dista mucho de ser sencilla. Incluye tanto una persistente divulgación y educación como la que realizan las Cátedras Martianas desde muchas universidades de nuestra América, como la labor de investigación y análisis que nos permita identificar la claves del pensar martiano, y los términos de su vigencia.

Esa labor de investigación dispone de dos recursos invaluables. Uno es el enorme acervo filológico, histórico, cultural y político acumulado ya – y aún en proceso de incremento – por la edición crítica de las Obras Completas de José Martí que lleva a cabo el Centro de Estudios Martianos de La Habana. El otro, el prolongado aporte de intelectuales vinculados al estudio de la obra martiana en Cuba, nuestra América y otras regiones del mundo.[8]

Esa  riqueza ya acumulada permite platear como una tarea primera identificar los conceptos conceptos fundamentales del pensar que nos ocupa. Naturaleza, patria, virtud son ejemplos de sencilla complejidad, expresados con una sola voz. Otros, como el de mejoramiento humano, tienen sin embargo una estructura más compleja. 

Ante estas dificultades, esa labor de investigación ha de distinguir dos planos convergentes de trabajo. El primero de ellos, vinculado a la estructura del pensar martiano, distingue entre entre los elementos estructurantes de la visión del mundo que nos ofrece la obra de Martí, y aquellos elementos estructurados por esa visión a lo largo del tiempo. Lo estructurado expresa aquí la mayor o menor actualidad de lo pensado por Martí en su circunstancia. Lo estructurante, por su parte, da cuenta de la vigencia del pensar martiano en la nuestra. Tal puede ser, por ejemplo, la relación entre sus advertencias sobre la necesidad de luchar por el equilibrio del mundo en el período ascendente del imperialismo, y la noción de ese equilibrio como referente activo en el análisis del conflicto en curso entre la visión unipolar y la multipolar que caracteriza la etapa en curso en el proceso de transición que vivimos hoy.

El segundo plano está referido al proceso de formación y transformación del pensar martiano en lo que va de sus tiempos al nuestro. Los tiempos de Martí – en lo que va de su paso por México en 1875-1876 a su exilio en Nueva York, entre 1881 y 1895 – son los de la formación del Estado Liberal Oligárquico, por un lado, y por otro los del desarrollo de la oposición liberal democrática a dicho Estado, que vendría a culminar en el gran ciclo revolucionario de las primeras tres décadas del siglo XX en nuestra América. Como es de imaginar, el sentido de los elementos del pensar martiano cambia a lo largo de esos tiempos, y hace imprescindible conocer el alcance de dichos cambios en lo que hace a sus sentidos para los tiempos nuestros.

Estos criterio de selección también lo son de restricción. En efecto, si bien no cabe establecer de antemano el número de los elementos conceptuales a tratar, la selección debe velar porque ese número no obstaculice la tarea mayor, que consiste en comprender la visión del mundo cuyo conocimiento se busca promover. El planteamiento de estos y otros criterios para la organización del proceso de investigación requiere, como es natural, de un análisis que apenas puede ser esbozado en este momento.

Un valioso punto de partida para ese análisis puede ser encontrado en las observaciones de Antonio Gramsci con respecto al estudio de la obra de Karl Marx, a quien consideraba como el fundador de la filosofía de la praxis.[9] “Si se quiere estudiar el nacimiento de una concepción del mundo que no ha sido expuesta sistemáticamente por su fundador”, nos dice Gramsci, es necesario en primer término “reconstruir el proceso de desarrollo intelectual del pensador en cuestión” con el fin de identificar los elementos “que han resultado estables y ‘permanentes’, es decir, que han sido asumidos como pensamiento propio”, pues sólo ellos “son momentos esenciales del proceso de desarrollo.”

Y agrega enseguida una advertencia que siempre conviene atender. “Es observación común de todo estudioso, como experiencia personal”, nos dice, que

toda nueva teoría estudiada con ‘heroico furor’ (es decir, cuando no se estudia por mera curiosidad exterior sino por un profundo interés) durante cierto tiempo, especialmente si se es joven, atrae por sí misma, se adueña de toda la personalidad y es limitada por la teoría sucesivamente estudiada hasta que se establece un equilibrio crítico y se estudia con profundidad pero sin rendirse en seguida a la fascinación del sistema o del autor estudiado.

“Estas observaciones”, añade, tienen especial importancia en la medida en que el pensador cuya obra se estudia “es más bien impetuoso, de carácter polémico, falto del espíritu de sistema”, pues se trata de una personalidad “en la cual la actividad teórica y la práctica están indisolublemente ligadas, de un intelecto en continua creación y en perpetuo movimiento, que siente vigorosamente la autocrítica del modo más despiadado y consecuente.” Por lo mismo, agrega enseguida, la investigación “del leit-motiv, del ritmo del pensamiento en desarrollo tiene que ser más importante que las afirmaciones aisladas y casuales o que los aforismos separados.”

Enfrentados a problemas semejantes a los que aquí planteamos en lo que respecta a la obra de Antonio Gramsci, la International Gramsci Society Italia produjo entre 2000 y 2009 un Diccionario gramsciano, cuya versión en español ya está disponible en Internet. [10]  Esa labor circunscribió la selección de conceptos a lo elaborado por Gramsci en el periodo carcelario (1926-1937), restrigiéndolos por tanto a los Cuadernos y las Cartas del autor. Además, privilegió en la redacción la cita textual y la secuencia cronológica que permitiera reconocer la “estrategia del pensamiento y de la escritura de Gramsci”, con el fin de excluir “las referencias a los debates entre las diversas interpretaciones existentes en la literatura sobre los puntos, aspectos o conceptos expuestos”.

Considerando por útimo que la obra de Gramsci -como la de Martí-, “invita a ser interpretada pero, al mismo tiempo, se resiste a representaciones que puedan ser reduccionistas o pretendan ser definitivas”, el proyecto estableció la expresión de “voluntada colectiva” como “un hilo conductor […] reconocible como clave de lectura de una ‘concepción del mundo’ que no pudo exponerse ‘sistemáticamente’”. Esa expresión, recurrente en la obra de Gramsci, expresa “una preocupación de fondo [que] orienta el conjunto de su pensamiento”:

la de la constitución de una voluntad colectiva que se proyecta de la subalternidad a la autonomía y la hegemonía, es decir de la formación de un sujeto social y político organizado y creador/portador de una concepción del mundo susceptible de impulsar una revolución socialista que incluya una reforma moral e intelectual.

Ese hilo conductor permitió así encarar el riesgo usual en la lectura de autores como Gramsci y Martí de utilizar “de forma aislada y entrecortada frases célebres de los Cuadernos, desarticulando su pensamiento y desanclándolo del marxismo del cual fue abrevando.” Con ello, de la labor así encarada emerge “un Gramsci tanto clásico como actual y contemporáneo,” que “recorre temáticas y cuestiones de alcance universal que siguen rondando nuestra época.” Con ello, el diccionario buscó contribuir a “la aplicación rigurosa de las palabras y los conceptos gramscianos, como imprescindibles claves de lectura y de acción colectiva en el ‘mundo grande y terrible’ en el que vivimos.”

La escala del problema así planteado desborda la capacidad de un individuo aislado. Su plena solución demandará combinar el abordaje interdisciplinario del problema con la organización en red del estudio para facilitar el diálogo entre quienes hayan adelantado investigación sobre distintos aspectos del tema. En esta perspectiva, el Centro de Estudios Martianos cuenta con una larga trayectoria de investigación de la obra martiana y con una capacidad de convocatoria indispensables en esta tarea.

De allí  que en el marco de las relaciones de colaboración entre el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad de Panamá y el Centro de Estudio Martianos haya sido planteada la construcción conjunta del nodo de una red para el estudio del pensar martiano como recurso para la construcción de entendimientos y alternativas ante los desafíos de la crisis civilizatoria que encaramos.

En sus formas más elementales, esa tarea ya está en marcha. Se va abriendo así el camino para ir a formas cada vez más complejas, comprobando una vez más que hacer, sin duda, es la mejor forma de decir.

Alto Boquete, Panamá, 28 de junio de 2024


[1] “A Gonzalo de Quesada y Benjamín Guerra. Cabo Haitiano, 10 de abril [1895]”. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. IV, 121.

[2] https://www.mined.gob.cu/discurso-de-fidel-castro-en-conferencia-onu-sobre-medio-ambiente-y-desarrollo-1992/

[3] “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Ibid, VI, 17.

[4] “Rafael Serra”. Patria, 26 de marzo de 1892. Ibid, IV, 380-381.

[5] Al respecto, por ejemplo: Castro Herrera, Guillermo (2019): Naturaleza y Sociedad en la Historia de América Latina. Editorial Universidad a Distancia. San José, Costa Rica.

[6] Carta Encíclica Laudato Si’ del Santo Padre Francisco sobre el cuidado de la casa común, 2015, párrafo 139.

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

[7] “Estancamiento y progreso del marxismo”, 1903. https://www.marxistsfr.org/espanol/luxem/03Estancamientoyprogresodelmarxismo_0.pdf

[8] Al respecto, por ejemplo, Martí, José: En los Estados Unidos. Periodismo de 1881 a 1892. Edición crítica. Roberto Fernández Retamar y Pedro Pablo Rodríguez. Coordinadores. Casa de las Américas. La Habana. La antología incluye una valiosa colección de textos de estudiosos que examinan la obra martiana sobre los Estados Unidos desde las más diversas perspectivas.

[9] Gramsci, Antonio: Introducción a la filosofía de la praxis. Selección y traducción de J. Solé Tura

Gramsci, Antonio, (1999: 385) Antología. Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán. Siglo XXI Editores, México y España. “Cuestiones de método.” Textos de los Cuadernos posteriores a 1931.

[10] Diccionario Gramsciano (1926-1937). Liguori, Guido; Modonessi, Massimo y Voza, Pasquale (edts.) Cagliari UNICApress, 2022. https://unicapress.unica.it/index.php/unicapress/catalog/view/978-88-3312-066-9/50/569-1

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