Guillermo Castro H.
“aquel combate entre la imaginación americana
y el molde trasatlántico”
José Martí[1]
La organización del mercado mundial como un sistema internacional – interestatal, en realidad – ha ingresado en una crisis de transición hacia un futuro aún indeterminado. Ese sistema se constituyó tras la desintegración de su previa organización como sistema colonial a lo largo de la gran guerra de 1914 – 1945. La obra martiana tomó forma en la transición entre ambas fases de ese proceso. No es de extrañar, por tanto, que en su plena madurez esa obra prestara especial atención a la necesidad de luchar por el equilibrio de un mundo cuyo desquiciamiento anunciaba el ingreso del mercado mundial a su fase imperialista.
La necesidad de esa lucha es hoy mayor que nunca, cuando está en riesgo la supervivencia de la propia especie humana. Ese riesgo se agrava, además, porque la transición en curso tiene lugar al cabo de casi medio siglo de hegemonía neoliberal, que renovó el llamado a la lucha de la civilización contra la barbarie que caracterizó a la vertiente oligárquica del liberalismo hispanoamericano mediados del siglo XIX.
Una parte sustantiva de la lucha por un futuro que sea sostenible por lo humano que llegue a ser se libra ya en todos los campos de la cultura. Esa batalla cultural demanda encarar y trascender todas las formas del dogmatismo neoliberal, para abrir paso a la renovación de las raíces del pensamiento crítico en nuestra América, que tiene en José Martí a uno de sus principales exponentes.
Eso se hace evidente en su ensayo Nuestra América, de 1891, que es como el acta de nacimiento de nuestra contemporaneidad. Allí Martí define en su raíz el desafío que enfrentamos hoy, y el modo de encararlo, al advertirnos que no se trata de una batalla “entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza”[2], y con ello descarta de un golpe el eje mismo del pensar oligárquico de su tiempo – y del nuestro.
La batalla cultural en curso demanda, así, el dominio del pensar martiano como expresión de una visión del mundo dotada de una ética correspondiente a su estructura. Conocer y dar a conocer esa visión en su estructura conceptual, y en la vigencia del pensar que la expresa, es una tarea de primer orden en nuestros tiempos.
Esa tarea exige leer a Martí, para aprehender el vínculo entre la actualidad de lo pensado en su obra y la vigencia de su pensar en la nuestra. En esta lectura, tiene especial importancia prevenir riesgos como los del anacronismo, la atemporalidad y la fragmentación, y facilitar así el rescate de su compromiso con el mejoramiento humano, la utilidad de la virtud, y la lucha por el equilibrio del mundo.
Un ejemplo sencillo de estos riesgos consiste en nuestra reacción ante una oración en la que nos dice que el mundo “sangra sin cesar de los crímenes que se cometen en él contra la naturaleza.” Una lectura descontextualizada de este fragmento de su artículo de 1892 sobre el obrero escritor Rafael Serra tendería a ser ecológica, y no faltaría quien proclamara a Martí como un gran precursor del ambientalismo de nuestro tiempo, etc.
Aquí cabrían dos observaciones. Una, que en el concepto de naturaleza es peculiarmente complejo en el pensar martiano, donde siempre aparece en íntima relación con lo sociocultural. Otra, que la creación de las condiciones culturales y políticas para la lucha contra el colonialismo en Cuba fue un eje fundamental en la organización del pensar martiano.
Visto así, aquello a lo que se refiere Martí en este caso es a las secuelas culturales y morales de la esclavitud y el racismo imponen en el desarrollo humano, que en su tiempo constituían un obstáculo sociocultural a la formación del frente patriótico necesario para llevar a cabo a aquella lucha. Esto se aprecia en las líneas que anteceden a la cita, con la cual culmina Martí el fragmento del que forman parte:
Van y viene las corrientes humanas por el mundo, que hoy arrolla los pueblos del color que temió ayer, y funde el oro de sus coronas en cadenas con que atarlos al carro del triunfo. Desdeñó un día el sajón, y tuvo a menos, el trato y la amistad con el italiano o andaluz, porque por lo moreno de la cara se creía mejor que él; y luego el andaluz y el italiano desdeñan a los de tez más morena que la suya. Los esclavos, blancos o negros, fueron depuestos en largas generaciones, por el recuerdo de la esclavitud más que por la culpa del color, del derecho de igualdad, en la aptitud y en la virtud, de sus antiguos amos. El mundo sangra sin cesar de los crímenes que se cometen en él contra la naturaleza. Y cuando, con el corazón clavados de espinas, un hombre ama en el mundo a los mismos que lo niegan, ese hombre es épico.” [3]
Esto destaca la importancia del aporte de Martí a la formación de una cultura de la naturaleza en nuestra América, y su relevancia para el ambientalismo de nuestro tiempo.[4] Así, por ejemplo, lo dicho engarza sin dificultad con lo planteado por el papa Francisco en su encíclica Laudato Si’– un texto más cercano a Martí de lo que imaginamos-, donde nos dice que no encaramos “dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental”, cuya solución requiere “combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza.”[5]
Estos matices hacen parte de la historia de nuestra cultura y, por lo mismo, de nuestra vida política. En esa historia, nos encontramos aún en la fase de descomposición de la hegemonía lograda por el neoliberalismo en nuestra América desde la década de 1980, a la que contribuyeron el agotamiento del modelo desarrollista establecido por la CEPAL entre 1950 y 1970, y la bancarrota del marxismo soviético.
Este momento de descomposición del neoliberalismo opera, así, en un vacío ideológico que el progresismo socialdemócrata no alcanza a llenar, y que favorece en cambio el auge de corrientes autoritarias de claro corte conservador – y esto, entre nosotros, significa racista, clasista y misógino. Así, nos encontramos hoy en una circunstancia que no deja de recordar aquella en la que, en 1903, Rosa Luxemburgo encaró a quienes proclamaban el agotamiento del marxismo, planteando que
Marx, en su creación científica, nos ha sacado distancia como partido de luchadores. No es cierto que Marx ya no satisface nuestras necesidades. Por el contrario, nuestras necesidades todavía no se adecúan a la utilización de las ideas de Marx.[6]
Lo mismo cabe decir del papel de Martí en nuestra propia batalla de ideas, que demanda tanto una persistente divulgación y educación como la que realizan las Cátedras Martianas de nuestra América, como la labor de investigación necesaria para identificar la claves del pensar martiano, y los términos de su vigencia en nuestro tiempo.
Esa labor dispone de dos recursos invaluables. Uno es el gran acervo filológico, histórico, cultural y político acumulado ya – y aún en proceso de incremento – por la edición crítica de las Obras Completas de José Martí que lleva a cabo el Centro de Estudios Martianos de La Habana. El otro, el aporte de intelectuales vinculados al estudio de la obra martiana en Cuba, nuestra América y otras regiones del mundo.[7]
Desde allí, cabe plantear la tarea de identificar los conceptos fundamentales del pensar que nos ocupa. Naturaleza, patria, virtud son ejemplos de sencilla complejidad, expresados con una sola voz, mientras otros- como los de mejoramiento humano y equilibrio del mundo -, tienen una estructura más compleja.
Aquí cabe distinguir dos planos convergentes de trabajo. El primero de ellos, vinculado a la estructura del pensar martiano, distingue entre los elementos estructurantes de la visión del mundo que nos ofrece la obra de Martí, y aquellos elementos estructurados por esa visión a lo largo del tiempo.
Lo estructurado expresa aquí la mayor o menor actualidad de lo pensado por Martí en su circunstancia. Lo estructurante, por su parte, da cuenta de la vigencia del pensar martiano en la nuestra. Tal puede ser, por ejemplo, la relación entre sus advertencias sobre la necesidad de luchar por el equilibrio del mundo en el período ascendente del imperialismo, y la noción de ese equilibrio como referente activo en el análisis del conflicto entre la visión unipolar y la multipolar del sistema mundial que caracteriza la etapa en curso en el proceso de transición que vivimos hoy.
El segundo plano está referido al proceso de formación y transformación del pensar martiano en lo que va de sus tiempos al nuestro. Los tiempos de Martí – en lo que va de su destierro a España en 1871, su paso por México, Guatemala, Cuba y Venezuela entre 1875 y 1880, a su exilio en Nueva York, entre 1881 y 1895 – son los del ascenso del Estado Liberal Oligárquico, de la formación de la oposición liberal democrática al mismo, y del paso del capitalismo de libre competencia al monopólico, que llevaría al paso del colonialismo al imperialismo y el neocolonialismo.
Como es de imaginar, el sentido de los elementos del pensar martiano cambia a lo largo de esos tiempos, y hace imprescindible conocer el alcance de dichos cambios en lo que hace a sus sentidos para los tiempos nuestros. Estos criterio de selección también lo son de restricción. En efecto, si bien no cabe establecer de antemano el número de los elementos conceptuales a tratar, la selección debe velar porque ese número no obstaculice la tarea mayor, que consiste en comprender la visión del mundo cuyo conocimiento se busca promover.
El planteamiento de estos y otros criterios para la organización del proceso de investigación requiere, como es natural, de un análisis que apenas puede ser esbozado en este momento. Un valioso punto de partida para ese análisis puede ser encontrado en las observaciones de Antonio Gramsci con respecto al estudio de la obra de Karl Marx.[8] “Si se quiere estudiar el nacimiento de una concepción del mundo que no ha sido expuesta sistemáticamente por su fundador”, nos dice allí, es necesario en primer término “reconstruir el proceso de desarrollo intelectual del pensador en cuestión” con el fin de identificar los elementos “que han resultado estables y ‘permanentes’, es decir, que han sido asumidos como pensamiento propio”, pues sólo ellos “son momentos esenciales del proceso de desarrollo.”
Esto, añade, tiene especial importancia en cuanto que el pensador cuya obra se estudia “es más bien impetuoso, de carácter polémico, falto del espíritu de sistema”, con una personalidad “en la cual la actividad teórica y la práctica están indisolublemente ligadas, de un intelecto en continua creación y en perpetuo movimiento, que siente vigorosamente la autocrítica del modo más despiadado y consecuente.” Por lo mismo, los motivos yel ritmo del pensamiento en desarrollo tienen aquí una importancia mayor que la de “las afirmaciones aisladas y casuales” o “los aforismos separados.”
La escala del problema así planteado desborda la capacidad de un individuo aislado. Su plena solución demandará combinar el abordaje interdisciplinario del problema con la organización en red del estudio para facilitar el diálogo entre quienes hayan adelantado investigación sobre distintos aspectos del tema.
Así, en el marco de las relaciones de colaboración entre el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad de Panamá y el Centro de Estudio Martianos ha sido planteada la construcción conjunta del nodo de una red para el estudio del pensar martiano ante los desafíos de la crisis civilizatoria que encaramos. Aquí, nuevamente, hacer será la mejor forma de decir.
Universidad de Panamá, 10 de octubre de 2023
[1] “Rafael Pombo”. Colombia, s.f. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VII, 408.
[2] “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Ibid, VI, 17.
[3] “Rafael Serra”. Patria, 26 de marzo de 1892. Ibid, IV, 380-381.
[4] Al respecto, por ejemplo: Castro Herrera, Guillermo (2019): Naturaleza y Sociedad en la Historia de América Latina. Editorial Universidad a Distancia. San José, Costa Rica.
[5] Carta Encíclica Laudato Si’ del Santo Padre Francisco sobre el cuidado de la casa común, 2015, párrafo 139.
[6] “Estancamiento y progreso del marxismo”, 1903. https://www.marxistsfr.org/espanol/luxem/03Estancamientoyprogresodelmarxismo_0.pdf
[7] Al respecto, por ejemplo, Fernández Retamar, Roberto (1965): José Martí en su (tercer) mundo. https://www.clacso.org/wp-content/uploads/2020/06/PensamientoAnticolonial.pdf
[8] Gramsci, Antonio: Introducción a la filosofía de la praxis. Selección y traducción de J. Solé Tura
Gramsci, Antonio, (1999: 385) Antología. Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán. Siglo XXI Editores, México y España. “Cuestiones de método.” Textos de los Cuadernos posteriores a 1931.