Transiciones (la nuestra, y aquellas otras)

Guillermo Castro H.

“La angustia con que se vive en todas partes del mundo

en la época de transición en que nos ha tocado vivir”

José Martí, 1884[1]

La angustia de Martí en 1884 no era – y, sin embargo, también es – semejante a la que recorre nuestro propio tiempo. Desde su exilio en Nueva York entre 1881 y 1895, la suya se refería a la creciente incertidumbre que se iba haciendo sentir en el sistema mundial ante el agotamiento de la capacidad de su organización colonial de entonces para encauzar las enormes energías acumuladas por el desarrollo del capitalismo en los dos siglos anteriores. Y faltaban aún sesenta años para que esa transición culminara en la creación del sistema internacional que surgiría de la Gran Guerra de 1914-1945.

Del agotamiento de la capacidad del breve sistema internacional que hemos tenido para encarar las contradicciones de su propio desarrollo vienen las angustias de hoy. Salvo su brevedad, esto es menos nuevo de lo que parece, si lo vemos a la luz de las grandes transiciones de anteayer y ayer.

Al respecto, por ejemplo, el medievalista irlandés Peter Brown, al referirse a la transición entre la Antigüedad y la Edad Media, nos dice que el año 1000 estaba ya “tan cerca de 1520, fecha en la que los conquistadores españoles descubrieron las ciudades-templo de México y Perú, como de la abdicación de Rómulo Augústulo”, quien fuera el último emperador romano de Occidente entre 475 y 476.[2] Para aquella fecha, en efecto, ya estaba en curso la formación de las tres regiones que la cultura Noratlántica designa como la Europa Oriental, la Occidental, y el Cercano Oriente.

En cuanto a la historia de la cristiandad, que es el tema de interés para Brown, la formación de nuestra Europa Oriental encontraría su punto de partida en un imperio bizantino de organización centralizada, que se consideraba a sí mismo “una isla de orden providencialmente conservada por Dios en un espacio de barbarie”. Allí correspondió a la organización eclesial procurar que la armonía celestial de los creyentes se hiciera manifiesta “en la ordenada conducta de los fieles ortodoxos.”

En el Occidente políticamente fragmentado, en cambio, la cristiandad vino a forjarse a partir de una prolongada interacción entre el legado cultural y político de Roma, y los de las sociedades que ocuparon los espacios creados por la desintegración del imperio en aquella región. Con ello persistió “una cultura profana, profundamente enraizada en el pasado no cristiano, que sustentaba la ley, el poder y el trabajo de la tierra,” que pasó a ser objeto de rectoría por un clero cuyos elementos “más cultivados”

eran los únicos que tenían acceso a bibliotecas bien surtidas y al estudio de la lengua latina”, según lo dispuesto por la Regula pastoralis de san Gregorio Magno, “que hacía hincapié, con singular energía, en el uso responsable y exquisitamente calculado del poder espiritual.”[3]

Aquel Gregorio fue un monje romano de familia senatorial, terrateniente y ya cristiana por varias generaciones. Nacido en 540, tras una brillante carrera al servicio de Vaticano pasó a ocupar la posición de Pontífice desde 590 hasta su muerte en 604. La estima lograda por su gestión estuvo asociada al hecho de que provenía de una intelectualidad formada en una institución innovadora: los monasterios benedictinos, establecidos a partir de 530 por Benito de Nursia.

Esos monaterios constituyeron una red de entidades de gestión del conocimiento para la construcción de sociedades nuevas en un mundo se esforzaba por poner orden en el caos de la Alta Edad Media, entre los siglos V y X. En ese mundo, Gregorio fue el primer monje benedictino que alcanzó la dignidad pontificia, y apoyado en esa red contribuyó a hacer del papado un poder temporal separado del Imperio, pero vinculado al mismo a través de las ordenes monásticas. Con ello, abrió paso a la alianza entre ambas partes que se vería culminada dos siglos después con la coronación de Carlomagno como emperador de Occidente por el papa León III en la misa de Navidad del año 800, en la catedral de San Pedro en Roma.

Si aquella transición transcurrió a lo largo cinco siglos, la de la Edad Media a la Moderna tardó apenas lo que fue de 1450 a 1650.  A lo largo de ese siglo “largo”, una sociedad de base agraria con una cultura de corte religioso se vio desplazada por otra orientada al comercio, la industria y las finanzas, con una cultura centrada en la racionalidad económica. Esa sociedad se dio a sí misma el primer mercado mundial en la historia de la Humanidad, organizado como un sistema colonial entre mediados del siglo XVII y mediados del XX, cuando fue transformado en el sistema internacional a cuya crisis asistimos hoy.

Nuestra transición será probablemente aún más breve que las anteriores: hacia la década de 1970 Immanuel Wallerstein estimaba que tomaría unos 50 años.Aun así, comparte mucho con las que la precedieron. Tal, por ejemplo, la incertidumbre sobre lo que llegue a ocurrir con el mundo que conocemos, y el desafío de encararla desde las estructuras de gestión cultural y política que establezcan sus opciones de futuro.

Para 1889, aquella angustia de Martí cedía ya su lugar a la a mediados de esa década había dado lugar a su certidumbre en lo que llamara “la promesa de final ventura en el equilibrio y la gracia del mundo.”[4] Desde esa certidumbre, el equilibrio del mundo, y la necesidad de luchar para conquistarlo y preservarlo, habían llegado ya a constituirse en un elemento articulador en el pensar martiano.

Así, para diciembre de aquel año podía afirmar ya que el congreso internacional americano -convocado por los Estados Unidos para abrir paso a lo que eventualmente llevaría a crear una Organización de Estados Americano con sede en Washington- permitiría distinguir entre aquellos gobiernos que defendían “la independencia de la América española, donde está el equilibrio del mundo”, y lo que fueran capaces “por el miedo o el deslumbramiento”, de “mermar con su deserción” las fuerzas indispensables para que nuestra América pudiera contener “con el respeto que imponga y la cordura que demuestre”, el expansionismo norteamericano que con tal fuerza emergía entonces.[5]

            Desde esa perspectiva, la angustia se traducía en la energía credora que vendría a dar de sí aquella organización político-cultural innovadora que fue el Partido Revolucionario Cuba, capaz de dar de sí la política exterior de una lucha por la independencia de Cuba cuyo dinamismo la llevaría a convertirse en la primera de nuestras luchas de liberación nacional. De eso da cuenta el magnífico vigor del Manifiesto de Montecristi, de 1895, que convocara a constituir en las Antillas una comunidad de repúblicas dignas de ser libres “por el orden de la libertad equitativa y trabajadora” que garantizaran “en el continente” el equilibrio

de la independencia para la América española aún amenazada y la del honor para la gran república del Norte, que en el desarrollo de su territorio […] hallará más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores, y en la pelea inhumana que con la posesión de ellas abriría contra las potencias del orbe por el predominio del mundo.”[6]

            Aún está por verse a qué opciones habrá de llevarnos nuestra transición de hoy. De lo que no cabe duda es que en la construcción de esas opciones desempeñará un papel de primer orden la lucha por el equilibrio del mundo que llevan a cabo gobiernos como los de Cuba, México y Brasil. Hoy, la renovación cotidiana de la vigencia del pensar martiano confirma la de los problemas que supo identificar en su raíz, y nos proporciona una herramienta para encararlos en nuestra propia circunstancia.

Alto Boquete, Panamá, 22 de febrero de 2024


[1] “La exhibición sanitaria”. La América, Nueva York, mayo de 1884. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VIII, 437.

[2] Brown, Peter (1997:257): El Primer Milenio de la Cristiandad Occidental. Colección “La Construcción de Europa”, Jaceques Le Goff, director. Crítica. Barcelona. Traducción de (1996): The Rise of Western Christendom. Triumph and diversity, AD 200-1000.

[3] Brown, 1997: 270-271. https://es.wikipedia.org/wiki/Gregorio_Magno

[4] “El poeta Walt Whitman”. El Partido Liberal, México, 1887. Ibid. XIII, 131.

[5] “Congreso Internacional de Washington. Su historia, sus elementos y sus tendencias. II. Nueva York, 2 de noviembre de 1889”. La Nación, Buenos Aires, 20 de diciembre de 1889. Ibid. VI, 62-63. El “político rapaz” a que se refería Martí era James Blaine, por entonces Secretario de Estado en el gobierno de los Estados Unidos.

[6] “El tercer año del Partido Revolucionario Cubano. El alma de la revolución y el deber de Cuba en América”. Patria, 17 de abril de 1894. Ibid. III, 141-142.

Francisco en el Istmo

Guillermo Castro H.

“A Dios no es necesario defenderlo;

la naturaleza lo defiende.”

José Martí, 1883[1]

Ha sido noticia en Panamá esta semana que el papa Francisco aceptara la renuncia del cardenal José Luis Lacunza a su cargo como obispo de la Diócesis de David, al acercarse éste a sus 80 años de edad. En su lugar, fue designado el padre Luis Enrique Saldaña, quien se desempeñaba como ministro provincial de la provincia Franciscana Nuestra Señora de Guadalupe en Centroamérica y Panamá.

            El nombramiento tiene lugar en una compleja circunstancia política y pastoral. En lo político, porque en mes y medio tendrán lugar elecciones elecciones presidenciales, legislativas y municipales, cargadas a un tiempo de certezas e incertidumbre. Estas, porque las nóminas enfrentadas están integradas en lo fundamental por políticos de viejo cuño. Aquellas, porque el país está inmerso en una difícil situación económica, ante las cuales destaca la posibilidad de ingresos y empleos que ofrece la minería de cobre y oro en la región Centro-occidental del Istmo, suspendidas tras la declaración de inconstitucionalidad del contrato que la amparaba.

En lo pastoral, porque los franciscanos demostraron un franco compromiso con el amplio movimiento social de resistencia a dicho contrato minero. Esa solidaridad se correspondió con la que habían expresado ya en 2009, cuando en su compromiso con la “promoción del cuidado de la naturaleza”, y en el marco del llamado “a instaurar una sociedad de justicia, de liberación y de paz en Cristo resucitado”, plantearon su rechazo al contrato firmado entre la empresa Petaquilla Minerals y el Estado en 1997, que tras sucesivas cesiones derechos, abrió paso a la mina hoy en cuestión. Al respecto, decía aquel comunicado,

No se puede hablar de desarrollo sostenible excluyendo la ética en la economía y en el progreso de los pueblos, por eso «El signo más profundo y grave de las implicaciones morales, inherentes a la cuestión ecológica, es la falta de respeto a la vida, como se ve en muchos comportamientos contaminantes… Los intereses económicos se anteponen al bien de cada persona, e incluso el de poblaciones enteras. En estos casos, la contaminación o destrucción del ambiente son fruto de una visión reductiva y antinatural que configura a veces un verdadero y propio desprecio del hombre» (Juan Pablo II, Pastores gregis, 70). [2]

Para 2023, ya en el marco creado por las encíclicas Laudato Si’ (2015), Fratelli Tutti (2020) y Laudate Deum (2023), la Red Eclesial Ecológica Mesoamericana -creada en 2019, y a la que Panamá se sumó en 2020 – pudo expresar que

Desde diversos territorios sacrificados por el impacto de la minería en América Latina y El Caribe, abrazamos a nuestros hermanos y hermanas de Panamá que resisten día a día a las empresas mineras que se han propuesto destruir para siempre uno de los territorios más biodiversos del planeta. Nuestra admiración y solidaridad por la resistencia pacífica al pueblo panameño. [3]

Esa manifestación solidaria invocaba, en particular, la necesidad de ponerse “del lado de las víctimas de la injusticia ambiental y climática, esforzándose por poner fin a la guerra sin sentido contra nuestra Casa Común, que es una terrible guerra mundial,” expresada por el papa Francisco el 30 de agosto de 2023.[4] Al respecto, expresaba el agradecimiento y admiración de sus integrantes

a las organizaciones juveniles, de mujeres, de estudiantes, profesores, trabajadores, grupos culturales y comunidades religiosas que exigen a sus autoridades legislativas que no se apruebe el contrato con “Minera Panamá”, por afectar directamente la calidad de vida de la naturaleza y de toda la sociedad humana. [5]

 

            En este terreno, la jerarquía católica panameña se expresó con su usual prudencia. Así, el semanario Panorama Católico señaló que si por un lado la “actividad minera” formaba parte de “un proyecto económico ligado a la globalización”, por otro hacía parte tamién de “un proyecto político, social, cultural cuyos impactos alcanzan múltiples niveles de la vida de las personas y las comunidades que ponen en peligro su comunidad.”

Desde esa perspectiva, si bien el contrato en disputa establecía “una regalía de entre el 12% y 16% de la ganancia bruta, así como mejoras significativas en materia laboral y ambiental para el Estado”, también implicaba “la arrasadora extracción de cobre y minerales que es rechazada por ecologistas, ambientalistas, y los más afectados, campesinos y pueblos ubicados en los alrededores de la mina.” En ese sentido, recordaba que “También la Iglesia ha expresado se ha expresado al respecto y manifestado su preocupación por la exploración y explotación mineras en diversas regiones del país.”

            El hecho, en todo caso, consiste en que la Corte Suprema de Justicia declaró finalmente inconstitucional el contrato entre el Estado y la minera canadiense. Y esto deja abierta la posibilidad de negociar un nuevo contrato estrictamente constitucional. Tal ha venido siendo la postura adoptada, de manera abierta o encubierta, por la mayor parte de los candidatos que se disputarán la presidencia de la República el próximo 5 de mayo. Todos ellos ven en un nuevo contrato con la empresa minera la posibilidad de obtener ingresos relevantes para encarar problemas que van desde financiar el servicio a la enorme deuda externa del país hasta atender los problemas de la seguridad social, pasando por el subsidio oculto a la evasión fiscal que algunos denuncian.

Lo fundamental de la oposición a la actividad minera se sustenta en la denuncia de los daños irreversible que ocasiona al entorno natural, y los costos ambientales que resultan de ello. Sin embargo, el ambientalismo dominante en Panamá es (aún) de un carácter ecologista de corte a un tiempo cientificista y conservador. Con ello, aún estamos en camino a comprender en toda la riqueza de sus implicaciones que “aquello que entendemos como naturaleza es un espejo ineludible que la cultura sostiene ante su medio ambiente, y en el que se refleja ella misma.” [6]

La tarea pendiente pendiente de abrir la puerta entre las ciencias de lo natural y las de lo social contribuye a explicar que nuestro ambientalismo no haya estado aún en capacidad de proponer una política social y económica capaz de disputar la hegemonía neoliberal aún imperante en Panamá. Es probable que el obstáculo radique, aquí, en la necesidad de comprender – y ejercer – el hecho de que, siendo el ambiente el producto de las formas históricas de interacción entre los humanos y su entorno natural mediante procesos de trabajo socialmente organizados, si deseamos un ambiente distinto tendremos que crear sociedades diferentes.

En lo que hace a nuestra cultura ambiental, esto se hace sentir en el hecho de que disciplinas como la ecología política, la historia ambiental y la economía ecológica, de tan amplio desarrollo en nuestra América, no tengan (aún) una presencia significativa en lo ambiental como objeto de política en el Istmo. Esa carencia se ha visto compensada de momento con el juridicismo característico de nuestra cultura política en unos casos, mientras en otros nuestro conservacionismo conservador ha tendido a acercarse al colapsismo característico de movimientos ecologistas Noratlánticos que políticamente lindan con el anarquismo.

Falta mucho para llegar a entender que, así como la educación ambiental es la educación, y la historia ambiental la historia, la política ambiental debe llegar a ser la política fundamental para encarar el mayor problema de nuestro tiempo, que es el de la sustentabilidad del desarrollo de nuestra propia especie. Entre nosotros, esto se ve agravdado por el hecho de que nuestra cultura política, forjada a golpes de mazo sobre el yunque de la intervención militar norteamericana de 1989, aún carece del sentido de transición indispensable para comprender y encarar todo proceso de transformación social.

Más, si se trata de una transformación socioambiental. Estamos, en efecto, inmersos en una transición civilizatoria en la cual la sustentabilidad de nuestro propio desarrollo como especie demanda ya

buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza.[7]

Alto Boquete, Panamá, 16 de febrero de 2024


[1] “Agrupamiento de pueblos”. La América, Nueva York, junio de 1883. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VII, 326.

[2] https://redescristianas.net/panama-explotacion-minerahermanos-franciscanos/

[3] https://adn.celam.org/la-red-eclesial-ecologica-mesoamericana-dice-no-a-la-mineria-en-panama/

[4] https://infovaticana.com/2023/08/30/el-papa-pide-poner-fin-a-la-guerra-sin-sentido-contra-nuestra-casa-comun-que-es-una-terrible-guerra-mundial/

[5] https://panoramacatolico.com/mineria-actividad-que-impacta-la-ecologia-vida-y-economia/

[6] “The Two Cultures Revisited: Environmental History and the Environmental Sciences”. Environment and History 2 (1996), 3 – 14. The White Horse Press, Cambridge, UK. Traducción de Guillermo Castro H. https://www.environmentandsociety.org/mml/two-cultures-revisited-environmental-history-and-environmental-sciences

[7] Francisco (2015): Carta Encíclica Laudato Si’ Sobre el Cuidado de la Casa Común

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

Immanuel para este tiempo

Guillermo Castro H.

“El que en el silencio del mundo ve encendidas a solas la luz de su corazón,

o la apaga colérico, y se queda el mundo a oscuras,

o abre sus puertas a quien le reconoce la claridad, y sigue con él el camino.”

José Martí, 1892[1]

Días atrás, Antonio Guterres, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, advirtió que el mundo “está entrando en la era del caos” Existen gobiernos, dijo, “que ignoran y socavan los mismos principios del multilateralismo, sin rendir en absoluto cuentas. El Consejo de Seguridad, principal herramienta para la paz mundial, está estancado debido a las fisuras geopolíticas”.[2] El mundo, agregó, está sometido a “una peligrosa e impredecible ley de la selva” en la cual reina “la total impunidad.” Y esto, además, cuando en 2024 la mitad de la humanidad irá a elecciones en momentos en los que “cada vez más gente está perdiendo confianza en las instituciones y la fe en el proceso político”.

Días después, en un artículo para La Jornada, Raúl Zibechi planteaba que problemas como el cambio climático y la guerra “convergen mostrando el delirio del sistema y la proximidad del colapso”, mientras las bolsas de valores siguen al alza, porque al 1 o 2 por ciento más rico “poco le importa la vida, siempre que no sea la suya”. [3] Esto, mientras la economía global pasa del crecimiento a la contracción en un proceso de larga duración, y “la riqueza del sistema se distribuye cada vez más entre los ricos y los muy poderosos”, dejando atrás a los sectores populares y medios.[4]

En este marco, dice, diversos factores agravan el problema: “las poblaciones tienden a crecer, pero los recursos que las sustentan no lo hacen”, al tiempo que la fractura de las líneas de suministro implica comprar productos más caros, lo cual “retroalimenta el problema de las cadenas de suministro y la escasez de recursos”. A esto se agrega, dice, que mientras estos y otros factores prefiguran situaciones críticas”, el capitalismo ha logrado llevarnos de cabeza al colapso “mientras miramos la pantalla, ignorando la destrucción y la masacre de la vida”.

Así, Guterres y Zibechi Guterres confluyen en sus preocupaciones sobre el presente, aunque divergen en sus perspectivas de futuro. Para el primero, el mundo debe aprovechar la ocasión de la “Cumbre del futuro” que tendrá lugar en septiembre en Nueva York, durante la reunión anual de la Asamblea General de la ONU para “modelar el multilateralismo para los años venideros”. mediante “una reforma en profundidad del Consejo de Seguridad y del sistema financiero internacional, cuyo diseño es ‘anticuado, disfuncional e injusto’ además de que ‘favorece a los países ricos que lo diseñaron’”. Para el segundo, en cambio, la crisis del sistema internacional de organización del mercado mundial establecido a mediados de la década de 1940 – y sustentado justamente en el Fondo Monetario Internacional y la ONU – ha llegado a un punto en que ya es imposible reformarlo, y de lo que se trata es de transformarlo.

Cabe recordar que este proceso ya estaba en curso a fines del siglo XX. Para entonces tuvo dos escenarios mayores: el Foro Social Mundial y el Foro Económico Mundial. De ambos dijo en su momento Immanuel Wallerstein que no se enfrentaban entre sí en la crítica y la defensa del capitalismo, sino en la búsqueda de las vías para sustituirlo. Y de ambos cabe decir hoy que sólo sobrevive el segundo, pues el primero se disolvió años atrás en las aguas del oenegismo progresista.

Para 1997, en todo caso, Wallerstein estaba convencido de que “la primera mitad del siglo XXI será más dificultosa, más perturbadora y, sin embargo, más abierta que todo lo que hemos conocido durante el siglo XX.” [5] Para decirlo se basaba en tres premisas. Una, “que los sistemas históricos, como todos los sistemas, tienen vidas finitas. Tienen un comienzo, un largo período de desarrollo y, finalmente, mueren, cuando se alejan del equilibrio y alcanzan puntos de bifurcación”. Otra, que en esos puntos de bifurcación

surgen dos nuevas propiedades: pequeños inputs provocan grandes outputs (mientras que durante el desarrollo normal se produce lo contrario: grandes inputs provocan pequeños outputs) y el resultado de tales bifurcaciones es intrínsecamente indeterminado.

Y la tercera, “que el moderno sistema-mundo, como sistema histórico, ha entrado en una crisis terminal, y no resulta verosímil que exista dentro de 50 años.” Esto, para apuntar enseguida que el resultado de esa crisis “es incierto”, pues

no sabemos si el sistema (o los sistemas) resultante será mejor o peor que el actual, pero sí sabemos que el período de transición será una terrible etapa llena de turbulencias, pues los riesgos de la transición son muy altos, los resultados inciertos y muy grande la capacidad de pequeños inputs para influir sobre dichos resultados.

De allí llegaba Wallerstein a tres “conclusiones morales.” La primera, “que el progreso no es inevitable, a diferencia de lo que la Ilustración, en todas sus variantes, predicó. Pero no acepto que sea por ello imposible. El mundo no ha avanzado moralmente en los últimos miles de años, pero podría hacerlo.” La seguna era que “la creencia en certezas, una premisa fundamental de la modernidad, ciega y mutila.” Y, por útimo, planteaba que “en los sistemas sociales humanos, los más complejos del universo -por lo que resultan aún más difíciles de analizar-”

la lucha por una buena sociedad es un rasgo permanente. Además, esa lucha toma su mayor significado en los períodos de transición entre un sistema histórico y otro (cuya naturaleza no podemos conocer de antemano) [pues] sólo en esos tiempos de transición resulta posible que las presiones del sistema existente hacia la vuelta al equilibrio puedan ser superadas por lo que denominamos libre albedrío. Por tanto, un cambio fundamental es posible, aunque nunca es seguro, por lo que corresponde a nuestra responsabilidad moral el actuar racionalmente, de buena fe y con energía en busca de un sistema histórico mejor.

Al respecto, dijo, en estos tiempos solo era posible plantear “aquellos criterios que serían la base de lo que llamaríamos un sistema histórico sustantivamente racional”, pues

Un sistema histórico no puede ser igualitario si no es democrático, porque un sistema no democrático distribuye el poder desigualmente, lo que implica que también distribuirá desigualmente todas las demás cosas. Y no puede ser democrático si no es igualitario, ya que en un sistema desigualitario algunos disponen de más medios materiales que otros, y, por tanto, es inevitable que también tengan más poder político

Su cuartaconclusión tiene especial valor para nosotros. La incertidumbre, dijo, “es maravillosa”, pues “la certeza, si fuera real, sería la muerte moral.” Si pudiáramos estar seguros del futuro, no habría apremio moral alguno para hacer cualquier cosa. En cambio, “si todo está por decidir”

entonces el futuro está abierto a la creatividad, no sólo a la creatividad meramente humana, sino también a la creatividad de toda la naturaleza. Está abierto a la posibilidad y, por lo tanto, a un mundo mejor. Pero solamente podemos conseguir un mundo mejor si estamos dispuestos a emplear nuestras energías morales para lograrlo, y estamos prestos a enfrentarnos con los que, bajo cualquier disfraz y arropados en cualquier excusa, prefieren un mundo desigualitario y no democrático.

Alto Boquete, Panamá, 9 de febrero de 2024


[1] “Sobre los oficiosde la alabanza”. Patria, 3 de abril de 1892. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. I, 369-370.

[2] https://www.dw.com/es/ant%C3%B3nio-guterres-nuestro-mundo-ha-entrado-en-una-era-de-caos/a-68195888#:~:text=El%20mundo%20%22est%C3%A1%20entrando%20en,prioridades%20de%20trabajo%20para%202024.

[3] “Cada año más cerca del colapso”, La Jornada / 09 de febrero de 2024

https://www.jornada.com.mx/noticia/2024/02/09/opinion/cada-ano-mas-cerca-del-colapso-2258

[4] oilprice.com (https://goo.su/15lSt)

[5] Conferencia en el Forum 2000: Inquietudes y esperanzas en el umbral del nuevo milenio, Praga, 3 al 6 de septiembre, 1997. https://www.herramienta.com.ar/incertidumbre-y-creatividad