El camino de Monseñor

Guillermo Castro H.

“Las heridas políticas, como las del cuerpo, de sí mismas se curan,

sin más que cuidar de no envenenarlas o reabrirlas;

y así como la carne crece, y acerca con un tejido nuevo los bordes abiertos,

así de los males excesivos brota, como su fruto natural, el remedio. 

Las leyes de la política son idénticas a las leyes de la naturaleza.

Igual es el Universo moral al Universo material. 

Lo que es ley en el curso de un astro por el espacio,

es ley en el desenvolvimiento de una idea en el cerebro.

Todo es idéntico.”

José Martí, 1885[1]

Panorama Católico es una publicación modesta, que se vende en la puerta de las iglesias, en la cual la Arquidiócesis de Panamá informa de cuando en tanto sobre su postura ante los problemas del país. Así ocurrió en su edición del 12 de diciembre de 1999, publicó una Carta Abierta que el obispo de Colón y Guna Yala, monseñor Carlos María Ariz, le dirigía a la señora Mireya Moscoso, dirigente del conservador partido Panameñista, que por entonces inauguraba su periodo presidencial.

            En su carta – cuyo texto acompaña esta reflexión -, el obispo informaba a la presidenta que los evangelizadores y misioneros de la Costa Abajo de Colón, tras informarse sobre la Ley 44 del 31 de agosto de 1999, que establecía la base legal para la construcción de un embalse en el río Indio para trasvasar agua al Canal de Panamá, habían decidido rechazarla. La Ley, decían, imponía a la población afectada “una autoridad que se ha hecho dueña de sus vidas y su futuro, quedando así sumergidas en la más absoluta indefensión e inseguridad”, pues expropiabalas tierras de “los humildes agricultores” para entregarla a “un nuevo amo”, en este caso la Autoridad del Canal de Panamá.

A esto se agregaba que “la construcción de lagos y transvases de aguas para el Canal” afectaría profundamente “los ríos, quebradas y valles, además de causar muertes irreparables en la biodiversidad de su flora y su fauna.” Ante esa situación decían que, como cristianos, no aceptaban “que en nombre del Canal se permita y tolere todo”, puesto que éste

no es un dios o un ídolo ante cuyo altar se deben inmolar víctimas humanas y la historia cultural de los pueblos. Si bien el Canal es un símbolo nacional y una fuente importante de riqueza, no es argumento para el acaparamiento ni para fomentar el “capitalismo salvaje”.

La Ley, añadía la carta, había sido aprobada “aprisa y corriendo, el último día de la Asamblea Legislativa anterior” sin una discusión apropiada por los diputados, diálogo con las personas afectada, ni discusión pública en los medios de comunicación. Para agravar las cosas, “las autoridades del Canal en su historia no hicieron en esta región, un metro de carretera asfaltada, ni un centro de salud, y han devuelto una selva contaminada de bombas sin explotar. […] La historia pasada no invita a ser optimistas.”

Ante tal situación, el obispo le decía a la presidenta que, “conociendo su sensibilidad social y su adopción de grandes compromisos a favor de nuestro pueblo marginado”, acudía a ella “plenamente confiado” de que adoptaría

las decisiones oportunas a favor de las familias campesinas que van a ser duramente golpeadas por el proyecto de modernización del Canal si no se resuelven los planteamientos e inquietudes que han hechos esos campesinos y campesinas evangelizadores.

Y concluía expresando su esperanza de que “el proyecto de modernización del Canal no conlleve la desolación a muchos de nuestros hermanos campesinos, sino que todos los panameños nos veamos enriquecidos con una profunda satisfacción y un permanente bienestar social.”

            En la práctica, la resistencia campesina a la Ley 44 encontró amplio respaldo en otras zonas rurales del país en las que se iniciaba la lucha contra el acaparamiento del agua por empresas hidroeléctricas. Eso llevó al siguiente gobierno a derogar la Ley en cuestión para proceder sin ese factor de resistencia política a la ampliación del Canal, que hoy enfrenta serios problemas de dotación de agua para su funcionamiento, asociados al cambio climático y agravados por 24 años adicionales de deterioro ambiental en el Corredor Interoceánico como en el resto del país.

            Estos problemas convergen ahora con los asociad os a una gran explotación de minería metálica a cielo abierto en las cercanías de la cuenca del Canal, en la región centro-occidental del Atlántico panameño, y el deterioro del relleno sanitario de la Capital del país. A eso se agregan otros de deforestación, contaminación de ríos, uso excesivo de agroquímicos y gestión de desechos en todo el territorio. Todo esto, en un país de rápido crecimiento económico, que coincide con una concentración del ingreso que lo ubica entre los más desiguales del mundo.

            Panamá ha ingresado, en breve, a la situación advertida en 2015 por el papa Francisco en su encíclica Laudato Si’, al señalar que al hablar de “medio ambiente” se hace referencia a “una relación, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita.” Esto, agrega, nos obliga a entender que en nuestra relación con la naturaleza “somos parte de ella y estamos interpenetrados.”

Atendiendo a esto, dice Francisco, encarar los problemas de la contaminación demanda “un análisis del funcionamiento de la sociedad, de su economía, de su comportamiento, de sus maneras de entender la realidad”, pues se requieren soluciones “que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales”. En efecto,

No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza.[2]

            Ese requisito aún está más allá de las posibilidades de la cultura política dominante en el país, cuya caja de razonamiento es cada vez más estrecha: los problemas, de uno en uno; las soluciones, solo si son rentables en una economía que se presume neoliberal pero sigue atada al liberalismo oligárquico de mediados del siglo pasado, y el método adecuado, solo aquel que ofrezca resultados inmediatos, o al menos lo aparente. Por lo mismo, así ligada por un lado a la necesidad de eludir los problemas de la inequidad en el acceso a los servicios básicos para el bienestar social, y atada por el otro al fetichismo de la tecnología que prometa resultados y ganancias inmediatas, esa cultura no está en capacidad de generar una agenda política socioambiental.

En esto, lo fundamental radica en que el ambiente el resultado de las interacciones de los humanos con su entorno natural mediante procesos de trabajo socialmente organizados. Por lo mismo, si deseamos un ambiente distinto tendremos que crear una sociedad diferente. El carácter de esa diferencia, y los medios para crearla, llegarán en su momento a estar en el corazón del debate político nacional.

Ese momento aún no ha llegado, pero lo hará por el camino que abrieran hace un cuarto de siglo el obispo de Colón y Guna Yala y los misioneros y evangelizadores de la Costa Abajo de Colón. La carta que abrió ese camino sigue sin respuesta, pero llegará a tenerla el día en que la sociedad panameña se dé a sí misma un Estado nacional que haga del ejercicio de la soberanía nacional la expresión de la soberanía popular.

Una verdad, puesta a caminar, sigue andando hasta que deja de serlo, y va sumando apoyos en el camino que abre. Tal hizo la carta de Monseñor Ariz: encaminar las cosas de una manera que seguirá siendo nueva hasta llegar a su destino.

Alto Boquete, Panamá, 20 de enero de 2024

Panorama Católico

Panamá, 12 de diciembre de 1999, p. 3

Carta abierta a la Excma. Señora Mireya Moscoso

Presidenta de la República,

Del Obispo de Colón y Kuna Yala

Muy estimada señora Presidenta:

Me es sumamente grato enviarle un cordial saludo en nombre de todos los misioneros y evangelizadores, con nuestras humildes oraciones por el éxito de su gestión presidencial a favor de todos los panameños.

            Durante los días 11 al 14 de noviembre próximo pasado se celebró la reunión de formación para evangelizadores de las comunidades de la Costa Abajo, en la comunidad de Bocas de Toabré, y en la misma se compartieron algunas informaciones sobre el proyecto de modernización y extensión de la cuenca del Canal.

            Con anterioridad, el Equipo Misionero de la Costa Abajo, Diócesis de Colón – Kuna Yala, tuvo un encuentro con el Obispo para tratar el origen de esa ley y sus consecuencias para los campesinos de la costa atlántica.

            Ambos grupos, evangelizadores y misioneros, estuvieron de acuerdo en rechazar la ley 44 del 31 de agosto de 1999 por las siguientes razones:

  1. Razones humanitarias: No hay un solo acápite de la ley donde se tenga en cuenta el más mínimo de los derechos humanos. Son miles de personas, hombres, mujeres y niños, a quienes de la noche a la mañana se les ha impuesto una autoridad que se ha hecho dueña de sus vidas y su futuro, quedando así sumergidas en la más absoluta indefensión e inseguridad.
  2. Razones de justicia: La ley expropia y enajena la tierra que han trabajado durante generaciones. No es de justicia social que, de improviso, sin que se les restituya o reconozca absolutamente nada, sin respetar los derechos posesorios y el principio de “la tierra para el que la trabaja”, se quite el terruño a los humildes agricultores y se la entregue a un nuevo amo.
  3. Razones ecológicas: Aunque la ley en sí misma no lo dice, fueron argumentos para su aprobación la construcción de lagos y transvases de aguas para el Canal. Esta transformación proyectada va a afectar profundamente los ríos, quebradas y valles, además de causar muertes irreparables en la biodiversidad de su flora y su fauna. No conocemos un estudio científico que nos exima de pensar que no va a ser éste el impacto ambiental.
  4. Razones morales: Como cristianos no aceptamos que en nombre del Canal se permita y tolere todo, incluyendo la vida, tradiciones y costumbres de muchas comunidades del Atlántico colonense, oeste de Panamá y coclesano. El Canal no es un dios o un ídolo ante cuyo altar se deben inmolar víctimas humanas y la historia cultural de los pueblos. Si bien el Canal es un símbolo nacional y una fuente importante de riqueza, no es argumento para el acaparamiento ni ara fomentar el “capitalismo salvaje”.
  5. Razones éticas: Mientras se proclama un discurso político y social de que las tierras del Canal deben estar al servicio de los pobres y de que hay que atender a los pequeños agricultores, se aprueba una ley a través de la cual se arrebata la tierra a los campesinos marginados, para dársela al Canal.
  6. Razones de método: la metodología utilizada para esta ley de la república nos parece, al menos, precipitada. Apenas se discutió en la Asamblea, no hubo diálogo con las personas afectada, no salió a discusión pública en los distintos medios de comunicación y se aprobó, aprisa y corriendo, el último día de la Asamblea Legislativa anterior. Tenemos serias dudas de que en su aprobación se contara con estudios imparciales, especialmente antropológicos y sociales.
  7. Razones de acaparamiento: No compartimos que el Canal necesite más de dos mil kilómetros cuadrados de tierra para su mantenimiento futuro. ¿No existirán otras opciones que impliquen menos sacrificios de vidas humanas y menor atentado a la naturaleza, aunque dejen menos dividendos? Nuestras sospechas sobre los lagos que se están proyectando, no son tanto las aguas del Canal, cuanto los negocios hidroeléctricos y otros que se están fraguando. ¿No es el ingreso más neto de la Autoridad del Canal a producción de energía eléctrica?
  8. Razones históricas: La ley acapara en la provincia de Colón más de dos mil kilómetros cuadrados de tierra, casi la mitad de los que es la Costa Abajo. Sin embargo, las autoridades del Canal en su historia no hicieron en esta región, un metro de carretera asfaltada, ni un centro de salud, y han devuelto una selva contaminada de bombas sin explotar. Ahora, se proyecta un puente sobre el Canal, pero no por la Costa Abajo, y las carreteras de acceso a los proyectos son por Panamá y Coclé. La historia pasada no invita a ser optimistas.
  9. Como Equipo Misioneros y Evangelizadores:  Aunque nos oponemos a la ley, sí queremos la vida y el desarrollo integral de la Costa Abajo. Abrigamos la esperanza de un futuro nuevo para tantos miles de campesinos, sin la ley 44. A ellos, dedicamos nuestras vidas y con ellos estamos dispuestos a cooperar, ¡Dios primero!

Muy estimada Sra. Presidenta, conociendo su sensibilidad social y su adopción de grandes compromisos a favor de nuestro pueblo marginado, me es grato acudir a su Excelencia, plenamente confiado de que adoptará las decisiones oportunas a favor de las familias campesinas que van a ser duramente golpeadas por el proyecto de modernización del Canal si no se resuelven los planteamientos e inquietudes que han hechos esos campesinos y campesinas evangelizadores.

      Ojalá que el proyecto de modernización del Canal no conlleve la desolación a muchos de nuestros hermanos campesinos, sino que todos los panameños nos veamos enriquecidos con una profunda satisfacción y un permanente bienestar social.

      Hago propicia la ocasión para reiterar a la Sra. Presidenta nuestro testimonio de consideración y aprecio.

      Atentamente,

      Carlos María Ariz, cmf

      Obispo de Colón – Kuna Yala


[1] “Cartas de Martí”. La Nación, Buenos Aires, 9 de mayo de 1885. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. X, 197.

[2] Carta Encíclica Laudato Si’ Del Santo Padre Francisco Sobre el Cuidado de la Casa Común (2015-139). Cursiva: gc.

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

Mundo en tránsito

Guillermo Castro H.

“El mundo está en tránsito violento, de un estado social a otro.

En este cambio, los elementos de los pueblos se desquician y confunden;

las ideas se obscurecen; se mezclan la justicia y la venganza;

se exageran la acción y la reacción; hasta que luego,

por la soberana potencia de la razón,

que a todas las demás domina, y brota, como la aurora de la noche,

de todas las tempestades de las almas,

acrisólanse los confundidos elementos, disípanse las nubes del combate,

y van asentándose en sus cauces las fuerzas originales del estado nuevo”

José Martí, 1883[1]

2023 fue un año terrible en muchos sentidos. Vimos progresar ante nuestros ojos, en forma como en sentido, la desintegración de la organización internacional del mercado mundial surgida de la II Guerra Mundial, que ya genera problemas que no es capaz siquiera de eludir. Tal, la incapacidad para encarar los desafíos del cambio climático. Tales, también, el conflicto entre Rusia y la OTAN que se libra en Ucrania; la indiferencia cómplice de los poderes Noratlánticos ante el genocidio del pueblo palestino, mientras en nuestra América, a la vigilancia advertida por Estados Unidos sobre Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, y el cerco implacable a Cuba, se agregan los rumbos al caos en Ecuador, Perú y Argentina.

Al final, todo indica que tenía razón Immanuel Wallerstein al advertir a fines del siglo XX que el derrumbe de la URSS era el primer aviso del caos en el moderno sistema mundial, y el inicio de otro proceso de transición histórica de resultados (aún) impredecibles.[2] De ese caos, por ejemplo, resultan también opciones de cambio como las que apuntan a la formación de un sistema mundial de corte multipolar, alentadas ante todo desde el Sur global a través de iniciativas promovidas desde países como Brasil, Rusia, la India, China, Sudáfrica – BRICS, es llamado el grupo -, a las que de un modo u otro se suman México, Irán y diversos Estados países árabes, asiaticos y africanos.

Identificar esas opciones, y escoger aquellas por las que valga el riesgo luchar, implica asumir una racionalidad que aún parece nueva, aunque la situación misma no lo sea. Entre las dificultades que esto plantea se encuentra el hecho de que la transición en curso incluye la de las formas del pensar que fueron dominantes en el sistema mundial entre mediados y fines del siglo pasado.

Ante esa transición, la primera reacción en los medios intelectuales ha sido la de intentar actualizar esa formas del pensar, elaboradas sobre todo a partir del liberalismo desarrollista triunfante de la década de 1950, reelaborado en las más diversas vertientes ideológicas y regionales. A esa reacción se han sumado, además, otras que cuestionan las formas estatales de ese desarrollismo en descomposición, sea en la perspectiva del populismo neoliberal, sea en la de sectores vinculados a movimientos étnicos y de trabajadores del campo y la ciudad que reclaman una distribución del poder y la riqueza que otorgue prioridad a la atención a sus necesidades.

Aquí no solo se trata de que las ideologías tiendan a naturalizar los fenómenos históricos, para presentar los conflictos generados por el control de la fuerza de trabajo y los recursos del Sur global en una lucha sin fin entre la civilización y la barbarie o -para ponerlo en simple- entre el jardín y la jungla del señor Borrell. Más allá de eso, ocurre en la cultura aquello que Martí llamara un proceso de reenquiciamiento y remolde, que da lugar a cambios finalmente irreversibles en las formas de organización de la vida en sociedad y, con ello, en la del pensar, y la del hacer social y político.

Ese proceso aún está pendiente de una discusión que lo lleve a trascender sus formas de origen, y a encarar sus opciones de futuro. Mucho de lo que aún subsiste en él ha venido adquiriendo un carácter mítico que, parafraseando a Marx “somete, domina, moldea” las fuerzas que operan en la historia “en la imaginación y mediante la imaginación”, hasta que desaparece “con el dominio real” sobre esas fuerzas.[3] El análisis de este tipo de procesos de transición cultural – y recordemos que la política es la forma más clara y extrema de la expresión de toda cultura – cuenta con valiosos antecedentes a nuestra disposición.

La crisis mundial de 1973 generó una primera oleada de este tipo de estudios, que en nuestra América se expresó con especial riqueza en el campo de la historia del pensar marxista. Aquí destacó el interés en el aporte de José Carlos Mariátegui, en particular en cuanto al planteamiento de un enfoque de nuestro desarrollo histórico centrado en la noción de formación económico-social antes que en la de modos de producción sucesivos. En ese marco, se produjo además una convergencia con otras corrientes histórico-culturales, como las que llevaban a una recuperación del pensar de Antonio Gramsci en el plano político-cultural, al tiempo en que la crítica de las superestructuras del liberalismo oligárquico se veía enriquecida por la formación de una teología de la liberación.

De Wallerstein acá, la bancarrota ideológica del neoliberalismo y del marxismo soviético abrieron paso – sobre todo en el mundo Noratlántico, aquel que se denomina a si mismo “el Occidente”- a estudios y debates del mayor interés en lo que vino a ser llamado una “crisis civilizatoria”. En este campo han tenido especial importancia tanto en el campo de los estudios referidos a transiciones previas, como al de las perspectivas de la que está en curso. [4]

En el conjunto del proceso en que andamos, destaca el hecho de que, si la teología fue el eje articulador de la cultura medieval, y la economía el de la cultura del capital, la ecología está destinada a ser el de la cultura que emerge en esta transición – para bien, o para mal. Ese eje ha dado lugar ya a múltiples aportes que traen a cuenta políticamente los problemas y las opciones que van dando forma a la crisis, en lo que va de La Ecología de Marx. Marxismo y naturaleza (2000), de John Bellamy Powell, a la encíclica Laudato Si’ (2015), del papa Francisco.

Tal es la clase de textos que signan de un modo u otro el debate sobre la transición que andamos, en muchos sentidos distinta a cualquiera de las precedentes, pues lo que se decide en esta no es ni la salvación del alma ni la de la acumulación de capital, sino la sustentabilidad del desarrollo de la especie humana. Tal es la perspectiva que demanda ampliar la búsqueda de medios para abrir a discusión a la transición misma, y a sus expresiones.

Esto significa, aquí, ahora, que en el curso de ese debate tendrá una importancia decisiva la participación del Sur global, en su experiencia histórica como en los problemas que le impone su condición periférica en las estructuras de poder de un sistema mundial que cada vez se parece menos al imaginado en 1944 y 1945 por los creadores del Fondo Monetario Internacional y de las Organización de las Naciones Unidas. Sin nosotros, estará siempre incompleta “la soberana potencia de la razón, que a todas las demás domina” que Martí invocara al iniciarse la transición entre la organización colonial de origen y la internacional / interestatal del sistema mundial que ha venido organizando el mercado mundial desde su origen a nuestros días.

Esa potencia será indispensable para comprender y encarar el hecho de que si deseamos un ambiente distinto tendremos que crear sociedades diferentes y resolver el problema fundamental que nos presenta esta crisis. Y tal es, en efecto, el problema central que le plantea a la Humanidad entera la transición en que estamos inmersos ya.

Alto Boquete, Panamá, 3 de enero de 2024


[1]  “Cuentos de Hoy y de Mañana, por Rafael Castro Palomares”. La América, Nueva York, octubre de 1883. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. V, 109.

[2] Después del Liberalismo. Siglo XXI editores. México, 1996. https://www.academia.edu/36468811/Despues_del_liberalismo_Immanuel_Wallerstein

[3] Al discutir la vigencia del arte clásico griego, Marx señala que “Toda mitología somete, domina, moldea las fuerzas de la naturaleza en la imaginación y mediante la imaginación: desparece por lo tanto con el dominio real sobre ellas.” Introducción general a la Crítica de la Economía Política (1857). Introducción de Umberto Curi. Siglo XXI Editores. Biblioteca del Pensamiento Socialista. México. 2019: 61.

[4] En el primer caso, por ejemplo, El Legado de Roma. Una historia de Europa de 400 a 1000, (2009) del medievalista inglés Christopher Wickham. Pasado y Presente, Barcelona, 2016. En el segundo, Algo Nuevo Bajo el Sol. Historia medioambiental del mundo en el siglo XXI, (2000) del historiador norteamericano John R. McNeill. Alianza Editorial, Madrid, 2003.

Panamá: el cambio social para el cambio ambiental

Guillermo Castro H.

“como ellos los del Arte, nosotros tenemos los monumentos de la Naturaleza;

como ellos catedrales de piedra, nosotros catedrales de verdor;

y cúpulas de árboles más vastos que sus cúpulas,

y palmeras tan altas como sus torres”

José Martí, 1881[1]

A medida que se torna más compleja la crisis socioambiental que encaramos, ganan en importancia los problemas relacionados con la mitigación de sus efectos y la adaptación a sus consecuencias. Dado que uno de los factores de mayor gravedad en esa crisis radica en el colapso de los ecosistemas que organizan la vida en la Tierra, se presta atención cada vez mayor al impacto de ese colapso sobre los servicios que esos ecosistemas ofrecen al desarrollo de nuestra especie.

Estos problemas ganan en claridad al referirlos a conceptos como los de biosfera y noosfera, elaborados hacia la década de 1930 por el biogeoquímico ruso Vladimir Vernadsky. [2] Así, la biosfera designa el ámbito del sistema Tierra en el que la vida crea las condiciones para su propia existencia, y se constituye en una fuerza geológica de alcance planetario al crear procesos y elementos que no exisistirían sin ella, como la presencia de oxígeno en la atmósfera y la de hidrocarburos en el subsuelo, la formación de suelos y la de rocas calcáreas.

La noosfera, por su parte, designa el ámbito de la biosfera transformado por el hacer y el saber que distinguen a la especie humana. En lo cotidiano, esos términos equivalen aproximadamente a los de naturaleza y ambiente, si entendemos al segundo como el producto de los procesos de trabajo socialmente organizados mediante los cuales nos relacionamos con nuestro entorno natural.

Vista así, la crisis socioambiental expresa el deterioro de las relaciones entre la biosfera y la noosfera generado por el desarrollo del mercado mundial. En ese deterioro desempeña un importante papel el colapso de ecosistemas asociado a la expansión urbana, y la extracción incesante de recursos naturales y la generación masiva de desechos de la producción y el consumo. Así, en 2011 Will Steffen et al señalaron cómo “la erosión de los servicios ecosistémicos, es decir, [de] aquellos beneficios derivados de los ecosistemas que sustentan y mejoran el bienestar humano, durante los últimos dos siglos” generaba “consecuencias no deseadas sobre el sistema global de soporte vital que sustenta la empresa humana en rápida expansión, que se encuentran en el centro de los desafíos interconectados del siglo XXI.” [3]

Al respecto los autores presentaron una visión de tales servicios organizada en dos grandes grupos, elaborada a partir de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio 2005.[4] El primer grupo correspondía a la oferta de bienes y servicios, “usualmente llamados ‘recursos’”, que incluyen “alimentos, fibras y agua dulce (recursos naturales) y, ahora, abarcan además combustibles fósiles, fósforo, metales, y otros materiales derivados de los recursos geológicos de la Tierra.”

El segundo consistía en dos grupos de servicios ecosistémicos. Uno correspondía a servicios de apoyo, como “el ciclo de nutrientes, la formación del suelo y la producción primaria”, necesarios para el buen funcionamiento de los sistemas agrícolas, “que algunos llaman también ‘recursos ambientales’”. En una escala más amplia, incluían también “procesos geofísicos de beneficio para la humanidad”, como “la provisión a largo plazo de suelos fértiles […], los flujos ascendentes de la circulación oceánica que traen nutrientes desde las profundidades del océano para sustentar muchos de los ecosistemas marinos que proporcionan alimentos ricos en proteínas,” y el papel de los glaciares como una infraestructura natural “de almacenamiento para el suministro de recursos hídricos.”

El otro grupo ofrecía servicios de regulación considerados “gratuitos”, como el control ecológico de plagas y enfermedades y la regulación del sistema climático mediante la absorción y almacenamiento de carbono por los ecosistemas, que contribuyen a mantener “un entorno propicio para la vida humana”. Esto incluye, por ejemplo, el almacenamiento de carbono por los ecosistemas, como parte de “un servicio regulador más amplio del sistema terrestre”, “el conjunto de reacciones químicas en la estratosfera que continuamente forman ozono, esencial para filtrar la radiación ultravioleta biológicamente dañina del sol, y el papel de las grandes capas de hielo polares en la regulación de la temperatura.”

            Con todo, al referirse a elementos de la biosfera desde su significado para la noosfera sin considerar la relación entre ambas como un proceso histórico de interacción mediado por el trabajo, se pierde de vista el vínculo entre categorías como las de elementos (naturales) y recursos (económicos), y aun las de naturaleza y ambiente. Desde otra perspectiva, el economista norteamericano James O’Connor (1930-2017) consideraba a esos servicios ecosistémicos como parte de un conjunto más amplio de condiciones naturales de producción, que abarcan “la contribución de la naturaleza a la producción física, independiente de la cantidad de tiempo de trabajo (o la cantidad de capital) aplicado a la producción.”

Al respecto, decía que el mercado  trataba “a las condiciones naturales de producción como mercancías ficticias”, de donde resultaba que

Con un ingenio a la vez torturado y excéntrico, los economistas neoclásicos intentan hoy asignar precio al aire limpio, a los paisajes atractivos y a otros elementos de interés ambiental; a la vida silvestre, e incluso al bosque húmedo tropical. Sin embargo, por mucho capital que se aplique al suelo, a los acuíferos y a los yacimientos minerales, éstos son producidos por Dios, que no los hizo para la venta en el mercado mundial. [5]

Esto, por otra parte, no excluye el hecho de que, en ese mercado, la ley del valor opera en la relación biosfera / noosfera en lo que hace a la transformación de elementos presentes en la primera en recursos que demande la segunda mediante el trabajo. En este sentido, los llamados servicios ecosistémicos hacen parte de la biosfera y como tales pueden incluso ser considerados gratuitos desde el punto de vista de la producción mercantil. Su ausencia, sin embargo, encarece los procesos productivos que hacían tal uso gratuito de ellos en sus primeras fases de su desarrollo.

Con ello, el colapso de ecosistemas genera un mercado de servicios ambientales que hace parte de la noosfera, en cuanto estos producidos para compensar la pérdida de los ecosistémicos. El mercado al que se destina esa producción abarca, por ejemplo, todo lo que va desde la captura de gases de efecto invernadero a la restauración de ecosistemas degradados, y la gestión de los desechos que hoy contaminan y alteran el funcionamiento de todos los ámbitos de la biosfera.

Ese mercado se ubica, así, en el eje de contradicción entre la biosfera y la noosfera, pues la necesidad de encarar el impacto de la crisis socioambiental genera una demanda creciente de servicios ambientales. Esto explica que la producción y la apropiación de esos servicios tiende a constituirse en un factor de conflicto socioambiental de importancia cada vez mayor, en cuanto sean encaradas como un medio para promover – o retrasar – el cambio social como una condición para el ambiental.

Panamá ingresa a ese conflicto en la transición desde una circunstancia de soberanía limitada por una situación de protectorado militar que se prolongó por casi todo el siglo XX hacia otra de pleno ejercicio de los deberes y los derechos de la soberanía en el XXI. Esto ayuda a entender que, si en el plano ambiental hemos ingresado de golpe en el Antropoceno al calor de la lucha contra la minería metálica a infierno abierto, el saber y el hacer aún dominantes en nuestra sociedad son, en el mejor de los casos, los del desarrollismo liberal de la segunda mitad del siglo pasado.

Hoy, la producción de servicios ambientales abre un amplio espacio de oportunidades fomentar el cambio social necesario para proteger y hacer cada vez más competitivas nuestras ventajas comparativas en materia, por ejemplo, de dotación de agua y biodiversidad. Tal será -junto a la diversificación de nuestros servicios al comercio mundial – el camino que nos lleve a construir en el Istmo, finalmente, una sociedad próspera, inclusiva, sostenible y democrática. El camino será largo, pero ya hemos echado a andar.

Alto Boquete, Panamá, 15 de diciembre de 2023


[1] Fragmento del discurso pronunciado en el Club del Comercio, en Caracas, Venezuela, el 21 de marzo de 1881. Obras Completas. Editorial de Cienicas Sociales, La Habana, 1975. VII, 286.

[2] Vernadsky, Vladimir (1938): “The Transition From the Biosphere To the Noösphere. Excerpts from Scientific Thought as a Planetary Phenomenon”. 21st Century, Spring-Summer 2012.

[3]  Will Steffen, Asa Persson, Lisa Deutsch, Jan Zalasiewicz, Mark Williams, Katherine Richardson, Carole Crumley, Paul Crutzen, Carl Folke, Line Gordon, Mario Molina, Veerabhadran Ramanathan, Johan Rockstrom, Marten Scheffer, Hans Joachim Schellnhuber, Uno Svedin (2011): “The Anthropocene: From Global Change to Planetary Stewardship”. Cursivas: gch. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3357752/

[4] https://www.millenniumassessment.org/es/About.html

[5] “The conditions of production and the production of conditions”. Natural Causes. Essays in ecological Marxism. The Guilford Press, New York London, 1998. Traducción de Guillermo Castro H., Panamá, 2000. Otra versión disponible en https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6812683

Lucy González Parsons y el milagro martiano

Lucy González Parsons y el milagro martiano

Guillermo Castro H.

En 1926, Julio Antonio Mella – que un año antes había participado en la fundación del Partido Comunista de Cuba, junto a Carlos Baliño, a su vez compañero de lucha de José Martí – se planteaba la necesidad de

 

Desentrañar el milagro – así parece hoy – de la cooperación estrecha entre el elemento proletario de los talleres de la Florida y la burguesía nacional; la razón de la existencia de anarquistas y socialistas en la filas del Partido Revolucionario [Cubano][i]

Ese problema sigue siendo del mayor interés para los movimientos que buscan culminar en nuestra América la obra de las revoluciones de independencia de principios del siglo XIX. Más allá de las categorías que permiten plantearlo – como las de formación económico-social e interés general de la sociedad -, es imprescindible buscar las raíces del aparente milagro en la vida misma de nuestras sociedades, y en la experiencia personal de quienes luchan por transformar la realidad.

En el caso que intrigaba a Mella desempeñó un importante papel lo aprendido por Martí, desde la perspectiva de su radical humanismo, sobre la vida y las luchas de los trabajadores en los Estados Unidos a lo largo de su exilio en ese país entre 1881 y 1895. Y en ese aprendizaje desempeñó un papel singular una mujer: la dirigente anarquista Lucy González Parsons.

Ella nació en 1853 en Waco, Texas, hija de la afromexicana Marie Gather y el mestizo indígena Creek John Waller. En 1871 se casó con Albert Parsons, y en 1873 ambos se mudaron a Chicago, donde se involucraron en organizaciones anarquistas del movimiento obrero. Allí, Lucy se conviritió en una reconocida periodista y oradora.

En 1886, Albert Parsons, junto a los inmigrantes alemanes August Spies, Adolf Fischer, Louis Lingg y George Engel fueron condenados a muerte, sin prueba alguna, por un atentado terrorista ocurrido durante una manifestación obrera en la plaza de Haymarket, en demanda de la jornada de ocho horas. Las protestas que desató su ejecución el 11 de noviembre de 1887 condujeron a establecer el 1 de mayo – fecha en que ocurriera aquella manifestación – como Día Internacional de los Trabajadores. A largo del juicio, la condena, la ejecución y las luchas subsiguientes de los obreros de Chicago, Lucy Parsons desarrolló una activa campaña por la absolución y la memoria de compañeros.

Martí, como sabemos, cubrió para distintos medios hispanoamericanos el ascenso del movimiento obrero en los Estados Unidos a mediados de la década de 1880, que vino a culminar en los hechos del 1 de mayo. Los textos que dan cuenta de ese proceso revelan también la creciente toma de conciencia del propio Martí sobre las razones de fondo de las luchas de los trabajadores, las contradicciones de su movimiento, y la brutal de la represión de que fueron objeto.

La primera reacción de Martí fue de repudio a la violencia que atribuía a la influencia del anarquismo en la región de Chicago. Y en esa primera reacción, emerge Lucy Parsons, descrita como “una mulata [que] marcha a la cabeza de las procesiones ondeando con gesto de poseída una bandera roja”, mientras sus camaradas acopiaban armas y preparaban bombas para enfrentar a la policía.[ii]

Tras el arresto de los anarquistas, Lucy Parsons emerge de nuevo en la crónica martiana. Uno solo de los arrestados, “casado con una mulata que no llora”, dice Martí, “es norteamericano”, y describe a “la mulata Parsons,” diciendo que es “implacable e inteligente” como su esposo, y “que no pestañea en los mayores aprietos, que habla con feroz energía en las juntas públicas, que no se desmaya como las demás, que no mueve un músculo del rostro cuando oye la sentencia fiera.”[iii]

Desde allí, las crónicas de Martí evidencian un giro que lo llevará a criticar con energía el juicio amañado y la ejecución vengativa de los anarquistas de Chicago. Y en ese giro, la valentía personal y el talento oratorio de Lucy Parsons desempeñarán un papel de importancia aún pendiente de investigación. Así, por ejemplo, nos dice:

En ninguna iglesia de la ciudad [de Nueva York] hubo ayer domingo un sacerdote más ferviente, ni una congregación más atribulada, que en Clarendon Hall, el salón de los desterrados y los pobres. Pugnaba en vano la concurrencia de afuera por entrar en la sala atestada, donde hablaba a los anarquistas de Nueva York, alemanes en su mayor parte, la Lucy Parsons, la “mulata” elocuente, Lucy Parsons, la esposa de uno de los anarquistas condenados en Chicago a la horca.[iv]

Ella, agrega Martí,

Sabe de de evolución y revolución, y de fuerzas medias, de todo lo cual habla con capacidad de economista lo mismo en inglés que en castellano. “La anarquía está”, según ella, “en su estado de evolución: luego vendrá la revolución, si es imprescindible: y luego la justicia.” “La anarquía no es desorden, sino un nuevo orden.”

Y sintetiza así lo que Lucy Parsons plantea:

Pedimos la descentralización del poder en grupos o clases.[…] La tierra será poseída en común, y no habrá por consiguiente renta, ni intereses, ni ganancias, ni corporaciones, ni el poder del dinero acumulado. No pesará sobre los trabajadores la tarea brutal que hoy pesa. Los niños no se corromperán en las fábricas, que es lo mismo que corromper a la nación; sino irán a los museos y a las escuelas. No se trabajará desde el alba hasta el crepúsculo y los obreros tendrán tiempo de cultivar su mente y salir de la condición de bestia en que viven ahora. [Y] no se amontonarán capitales locos, que tientan a todos los abusos: no habrá dinero de sobra con que corromper a los legisladores y a los jueces: no habrá la miseria que viene del exceso de la producción, porque sólo se producirá en cada ramo lo necesario para la vida nacional.[v]

A partir de  aquí, la que ondeaba una bandera roja “con gesto de poseída” se transfigura en una persona a la que le dicen mulata “por su color cobrizo”, que tiene “el pelo ondeado y sedoso: la frente clara, y alta por las cejas: los ojos grandes, apartados y relucientes; los labios llenos; las manos finas y de linda forma”, que habla “con una voz suave y sonora, que parece nacerle de las entrañas, y conmueve las de los que la escuchan.”  Y lo hace “con todo el brío de los grandes oradores”, con una elocuencia poderosa que le viene “de donde viene siempre, de la intensidad de la convicción”.

A veces su palabra levanta ampollas, como un látigo; de pronto rompe en un arranque cómico, que parece roído con labios de hueso, por lo frío y lo duro, sin transición, porque lo vasto de su pena y creencia no la necesitan, se levanta con extraño poder a lo patético, y arranca a su voluntad sollozos y lágrimas. […] Cuando acabó de hablar esta mestiza de mexicano e indio, todas las cabezas estaban inclinadas, como cuando se ora, sobre los bancos de la iglesia, y parecía la sala henchida un campo de espigas encorvadas por el viento.”[vi]

Así la mulata se transfigura en “la apasionada mestiza en cuyo corazón caen como puñales los dolores de la gente obrera,” que en las manifestaciones solía hablar de un modo tal que “con tanta elocuencia, burda y llameante, no se pintó jamás el tormento de las clases abatidas; rayos los ojos, metralla las palabras, cerrados los dos puños, y luego, hablando de las penas de una madre pobre, tonos dulcísimos e hilos de lágrimas.”[vii]

Seis años después de los acontecimientos que lo pusieron en contacto con Lucy Parsons, en un artículo para El Partido Liberal, de México encontramos la última referencia a la dirigente anarquista en las crónicas norteamericanas de Martí:

Un diario dice: “No es posible dejar de notar que aumenta en las masas el culto por los anarquistas ahorcados en Chicago: a la sombra de la horca, en Chicago mismo, han ido en procesión los obreros a visitar las sepulturas, y llevaba la bandera roja la mulata elocuente, la viuda del americano Parsons.”[viii]

Lucy Parsons llevó esa bandera, sin claudicar nunca en sus convicciones, hasta fallecer en Chicago en 1942, 47 años después de que Martí cayera en combate por la independencia de Cuba. Descansa en el Cementerio Forest Home, en Chicago, cerca del monumento dedicado a los mártires del 1 de mayo. Patria, realmente, es Humanidad.

Panamá, 8 de marzo de 2019, Día Mundial de la Mujer.

 

 

 

[i] “Glosas al pensamiento de José Martí. Un libro que debe escribirse”. Guanche, Julio César (compilador), 2009: Julio Antonio Mella. Ocean Sur, México, DF, p. 73.

[ii] “Correspondencia particular para El Partido Liberal.” El Partido Liberal, México, 29 de mayo de 1886. En los Estados Unidos. Periodismo de 1881 a 1892. Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 2003, p. 604.

[iii] “El proceso de los siete anarquistas de Chicago.” La Nación, Buenos Aires, 21 de octubre de 1886. En los Estados Unidos. Periodismo de 1881 a 1892. Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 2003, p. 722 y 726.

 

[iv] “Correspondencia particular para El Partido Liberal.” El Partido Liberal, México, 7 de noviembre de 1886. En los Estados Unidos. Periodismo de 1881 a 1892. Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 2003, p. 738.

 

[v] “Correspondencia particular para El Partido Liberal.” El Partido Liberal, México, 7 de noviembre de 1886. En los Estados Unidos. Periodismo de 1881 a 1892. Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 2003, p. 738 – 739.

 

[vi] “Correspondencia particular para El Partido Liberal.” El Partido Liberal, México, 7 de noviembre de 1886. En los Estados Unidos. Periodismo de 1881 a 1892. Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 2003, p. 739.

 

[vii] “Un drama terrible.” La Nación, Buenos Aires, 1 de enero de 1888. En los Estados Unidos. Periodismo de 1881 a 1892. Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 2003, p. 963.

 

[viii] “Correspondencia particular de El Partido Liberal. La cuestión social y el remedio del voto.” El Partido Liberal, México, 11 de diciembre de 1889. En los Estados Unidos. Periodismo de 1881 a 1892. Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 2003, p. 1326.

 

Nota sobre la geometría política de nuestro tiempo

Nota sobre la geometría política de nuestro tiempo

Guillermo Castro H.

 

Un chiste amargo, como suelen serlo los de la política en estos tiempos, cuenta que los socialdemócratas se presentan como de izquierda, se imaginan como de centro, y en el gobierno aplican políticas de derecha.

Esto puede parecer exagerado – en eso, entre otras cosas, consiste lo chistoso – pero tiene un claro asidero en lo que han venido a ser los partidos que se llaman a sí mismos socialdemócratas de Estados nacionales como Inglaterra, Francia y España.

Ese venir a ser, a su vez, resulta de esa geometría política (así la llamaba el General Omar Torrijos), establecida a partir de la Revolución Francesa a nuestros días, a escala Noratlántica primero – cuando quienes así la ejercían eran apenas un puñado de potencias coloniales -, y del sistema internacional entero, tras la II Guerra Mundial.

Dentro de esa geometría, izquierda, centro y derecha constituyen opciones de política y maniobra al interior de cualquier régimen estatal establecido dentro del moderno sistema mundial.

Ninguna de esas opciones constituye, en verdad, una alternativa al régimen que se estructura en torno a ellas – y a través de esa estructura procesa sus contradicciones internas -, aunque en algunas de sus formas extremas puedan parecerlo, o contribuir a la creación de condiciones favorables para la transformación de ese régimen en otro.

Este modo de concebir y ejercer la política constituye uno de los grandes logros del liberalismo, junto a otros como la separación de poderes y las relaciones de equilibrio y control entre los poderes constitutivos del Estado.

No ha sido tan universal como lo hubiera querido el liberalismo, sin embargo.

Así, por ejemplo, frente al capitalismo y el Estado burgués de su tiempo – que fue por excelencia el del liberalismo triunfante -, Marx no se consideró nunca a sí mismo como un político de izquierda, sino como un antagonista que luchaba por un régimen económico y un ordenamiento estatal distintos en forma y propósito.

Lo mismo puede decirse de las otras personalidades que dieron forma y proyecto a la filosofía de la praxis en las condiciones de la transición del siglo XIX al XX, desde Rosa Luxemburgo y Vladimir Lenin hasta Antonio Gramsci.

Por contraste con ellos, por la misma época pasaron a ser “de izquierda” aquellos de sus compañeros de ruta que buscaron y encontraron un lugar para sí mismos como segmento crítico del mismo régimen que los socialistas y comunistas de origen buscaban derrocar.

La labor de deslinde entre ambas tendencias constituye una importante fuente para el estudio de la transformación de la filosofía de la praxis en una guía para la acción política.

La “Crítica del Programa de Gotha”, de Marx, y el folleto “La revolución proletaria y el renegado Kautsky”, de Lenin, constituyen dos de sus expresiones más características.

Todo esto, además, tendría que ser examinado a la luz de las experiencias de aquella gran mayor parte de la Humanidad que sólo conoció del liberalismo triunfante sus rasgos más conservadores, y que no consiguió expresar en aquellos términos sus propias aspiraciones.

Tal el caso del General Torrijos, con su consigna de “Ni con la izquierda ni con la derecha: con Panamá.”

Tal el de Emiliano Zapata con su “Tierra y Libertad”.

Y tal, sobre todo, el de José Martí, con su advertencia de que no existía entre nosotros – como lo proclamaban los liberales – una batalla “entre la civilización y la barbarie”, sino otra, realmente decisiva en el camino a la construcción de un mundo nuevo, “entre la falsa erudición y la naturaleza.”

La lucha de los europeos y norteamericanos por la reconstrucción del Estado de Bienestar identifica a su izquierda dentro del mundo realmente existente para ellos, hoy bajo control de su derecha.

Nuestra demanda de construir un mundo nuevo – que sea popular por lo revolucionario, y revolucionario por lo democrático que llegue a ser – no es, en esta perspectiva, de izquierda.

Ella corresponde a la naturaleza más profunda de nuestra identidad, de nuestras necesidades y nuestras aspiraciones, definida en la batalla incesante contra la falsa erudición del liberalismo en crisis.

Ni con la izquierda, pues, ni con la derecha: con nuestra gente, en todo lo que ella puede llegar a ser.

 

Panamá, abril de 2014